Inmediatamente, dos enfermeras y una doctora corrieron hacia él con una camilla.
—¡Acuéstenla aquí, rápido! —ordenó la doctora.
Con todo el cuidado que el pánico le permitía, Thor la recostó sobre la camilla, sin soltar su mano ni un solo segundo.
—¿Qué le pasó? —preguntó la doctora mientras el equipo iniciaba los primeros procedimientos.
—Cuando llegué a casa se sentía muy mal... le tomé la presión, estaba en dieciséis por diez... y... y cuando llegamos aquí se desmayó... ¡en mis brazos! —Thor