Al día siguiente, el sol del mediodía brillaba con fuerza sobre la fachada de vidrio del edificio donde trabajaba Thor. El abogado Álvaro Cordeiro estacionó su auto negro de lujo a pocos metros de la entrada principal, dejando el motor encendido mientras revisaba los documentos dentro de su carpeta de cuero. Llevaba un traje hecho a medida, sobrio, y los lentes rectangulares reflejaban una expresión firme y controlada. Respiró hondo antes de marcar un número guardado como “Zoe Arthur”.
—¿Señora