El tiempo parecía haberse doblado alrededor de aquel instante. Habían pasado dos horas desde que Celina había empezado a arreglarse, pero para ella era como si hubiera parpadeado y, de pronto, estuviera frente al espejo, completamente lista. El vestido blanco, sencillo y elegante, se amoldaba perfectamente a su cuerpo, resaltando el vientre donde llevaba a sus dos tesoros. El cabello ondulado caía suavemente sobre los hombros y el maquillaje sutil no hacía más que realzar la belleza natural de