Ava arqueó una ceja, como desafiándolo con aquel tono intrigante.
—¿Tiempo para qué?
—Para hacer lo que no has planeado —murmuró Gabriel, deteniéndose frente a ella, los ojos firmes en los suyos—. Para sentir.
Ava suspiró, algo sorprendida por la fuerza de esas palabras. Él llevó la mano al rostro de ella, deslizando los dedos con ternura. Sus ojos, profundos y atentos, buscaban en los de Ava no solo deseo, sino entrega.
—Sé que te gusta tener todo bajo control, Ava. Que tu mundo está hecho de