El reloj marcaba exactamente las seis de la tarde cuando Thor y Celina escucharon un suave toque en la puerta del dormitorio. Celina estaba recostada en la cama, con la cabeza apoyada en el pecho de Thor, que pasaba lentamente los dedos por su cabello en silencio. El día había sido largo, cargado de dolor y aún de mucho llanto. Su cuerpo estaba allí, pero su mente vagaba, llena de preguntas, emociones contradictorias y el sabor amargo del descubrimiento que seguía ardiendo en su pecho.
—Puedes