El domingo seguía tranquilo y luminoso, pero dentro del ático de Thor la atmósfera estaba cargada de un pasado que se empeñaba en resurgir. De pie en la sala de estar, Thor ajustaba los gemelos de su camisa mientras esperaba a que Celina terminara de arreglarse. El murmullo lejano de la ciudad quedaba amortiguado por las elegantes paredes de aquel lugar, creando un clima de aparente calma que estaba a punto de romperse.
Las puertas del ascensor se abrieron con un discreto aviso y de él salieron