Era un domingo tranquilo en São Paulo, uno de esos raros días en que la ciudad parecía desacelerar. Celina y Thor disfrutaban de un momento de calma en el comedor del ático, cada día más unidos, más íntimos, como si estuvieran construyendo un refugio solo para ellos. La rutina agitada quedaba lejos y, en ese instante, lo único que importaba era la compañía mutua mientras compartían un desayuno ligero y sereno.
Celina, con el cabello aún un poco revuelto y un batín de seda sobre la camisola, irr