Zoe regresó del almuerzo a toda prisa, con el cabello aún despeinado por el viento y la mente a mil. Apenas había tenido tiempo de digerir la comida, porque el reloj le recordaba la reunión que se acercaba. Fue directo al baño, se cepilló los dientes, se lavó la cara, retocó el maquillaje de manera rápida y práctica, y caminó con paso firme hacia la sala de reuniones. Llevaba una pila de carpetas y su tablet, los ojos atentos al contenido de la agenda.
Entró en la sala y se ocupó de los últimos