Gabriel continuó hablando:
—¡No! No voy a parar. Te vas a quedar calladita ahí, escuchándome. Porque no te estoy lastimando. Estoy intentando abrirte los ojos. Hacer que veas tus errores. Y que luches para cambiarlos. Eres completamente dependiente emocional, Celina. ¡Y lo entiendo! Perdiste a tus padres muy joven, no tenías familia, caíste en un matrimonio con un hombre manipulador. César puede ser excelente en su profesión, pero como hombre… es basura.
Ella murmuró, con un hilo de voz:
—Estás siendo cruel…
—¿Cruel? Cruel sería dejarte continuar en este ciclo enfermizo. Cruel sería aprovechar tu vulnerabilidad para decirte lo que quieres escuchar, llevarte a la cama y después dejarte sola, igual que antes. Pero yo no soy así. Me iré dentro de pocos días, y lo único que quiero es verte fuerte. Preparada.
Ella no pudo contener las lágrimas, que corrieron silenciosas.
—Necesitas inteligencia emocional, Celina. Estás entrando en una nueva etapa. Vas a publicar un libro. Te vas a exponer.