La tarde avanzaba lentamente cuando Thor, aún sintiendo el cuerpo pesado y la fiebre oscilante, decidió actuar. Tomó el celular y llamó a la administración del edificio. Su voz, todavía ronca, dejaba entrever cierta urgencia.
—Buenas tardes. Aquí Thor Miller, del ático. Necesito acceder a las imágenes de las cámaras de seguridad de anoche.
Al otro lado de la línea, la recepcionista dudó un instante:
—Señor Miller… desafortunadamente hubo un incidente en el sistema. Sufrimos una invasión y perdimos parte de las grabaciones.
Thor se incorporó en la cama, frunciendo el ceño.
—¿Cómo que una invasión?
—Las imágenes de ayer solo están disponibles hasta las 15h. Y las de hoy comenzaron a recuperarse recién a partir de las 14h. Estamos trabajando para resolverlo, pero…
—Eso es inadmisible —lo interrumpió Thor, irritado—. ¿Un edificio de este nivel con fallas de seguridad?
—Señor, incluso los mejores sistemas pueden ser vulnerados. Le pedimos disculpas sinceras.
Thor colgó sin responder. Diez