Celina respiró hondo mientras caminaba.
—Tranquila, Celina. Tranquila… Ya todo salió bien —murmuró para sí misma.
Entró en la recepción del edificio, pero fue detenida.
—Solo puede subir con autorización —dijo el empleado nocturno.
—Tengo autorización. Voy al ático de Thor Miller.
—Necesito verificar. Documento, por favor —respondió el recepcionista.
Celina entregó sus documentos. El joven consultó el sistema y, tras unos segundos, dijo:
—Lo siento. Usted no está registrada. No puedo autorizar la entrada.
—Pero… debe haber un error —respondió Celina, ya nerviosa—. Yo ya estuve aquí con Thor, hice el registro con otro funcionario. Hasta me tomaron una foto…
—El equipo de hoy es nuevo. Hubo cambio de turno. Lo siento, señora.
Celina tomó el celular. Llamó a Thor. Apagado. Envió un mensaje a doña Sara. Sin respuesta. Volvió hacia el recepcionista:
—¿Puede llamarlo usted? Debe de ser un error.
—Lo siento —repitió él.
Celina agradeció con la voz entrecortada, los ojos llenos de lágrimas. S