César estaba sentado a la mesa, con los brazos cruzados, como quien espera un espectáculo cuyo inicio ya conoce de memoria.
Una sonrisa torcida apareció en la comisura de sus labios. Una de esas sonrisas cargadas de desdén, que intentan desarmar con puro sarcasmo.
—Te extrañé... sobre todo tu costumbre de aparecer sin avisar.
Celina no pronunció palabra. De pie en la puerta, sus ojos fijos en él, su expresión era una mezcla de dolor, coraje y una furia contenida que amenazaba con desbordars