Leandro sonreía mientras Agatha tenía las mejillas sonrojadas. Sirvieron una gran cantidad de platos; Agatha tomó un bocadillo de cada uno.
—¿Por qué me odias tanto, Agatha? Sé que nuestro comienzo fue difícil, pero no es para odiarme. ¿O es que odias a todos los hombres?
—A la mayoría. Eso no te hace especial. Solo quiero a Lucciano, es el único hombre que merece mi cariño.
—¿Tanto daño te hicieron?
—El novio que amé con mi alma me hizo su mujer. Yo me entregué con cuerpo y alma a él, pero el