El aire de la clínica tenía ese olor limpio y frío que a Leandro nunca le había gustado, pero esa mañana todo era distinto. Ya no era el lugar donde sus mujeres habían sufrido, sino el lugar donde sus hijos habían llegado al mundo.
—Hermano, esta es la mejor decisión —dijo Lissandro con voz firme mientras miraba por la ventana que daba al jardín —. Que Agatha pase sus diez primeros días en mi mansión, junto a Anna. Así podremos cuidarlas mejor.
Leandro asintió lentamente. Tenía las manos en los