El golpe fue seco.
Cristian cayó como un árbol talado.
Silencio.
Un segundo.
Dos.
Y luego—
—¡¡¡¡¡¡¡¡CRISTIAAAAAAAAAAAN!!!!!!!
Luz intentó incorporarse, pero el cansancio la devolvió contra las almohadas.
—¡No se muevan! —ordenó Luciano de inmediato, reaccionando como médico antes que como amigo.
Arthur fue el primero en agacharse junto a Cristian.
—¡Oye! ¡Hermano! ¡No me hagas esto ahora!
Leandro dejó la pequeña bañera a un lado y se arrodilló también.
—Se desmayó… nada más —dijo Luciano mientra