Viniste...
Agatha estaba distraída recordando la cercanía de Leandro: su aroma, sus ojos, la soledad detrás de esa máscara fría. De pronto, la voz de Lucciano la sacó de su ensueño mientras chasqueaba los dedos.
—Hey, tierra a Marte. ¿Dónde estás, Aggy?
Agatha parpadeó, tratando de volver a la realidad.
—Lucciano… si encontraras un tesoro invaluable, del que has estado aprendiendo por años, y la persona que lo tiene te ofrece dártelo a cambio de un mes de cautiverio… ¿aceptarías el cautiverio a cambio de