Pasaron los días y poco a poco, la mansión volvió a respirar.
Camilo sanó mejor de lo que los médicos habían previsto. El cuerpo aún le dolía al amanecer, algunas noches despertaba sobresaltado, pero la vida se le fue afirmando en los huesos. Cuando por fin pudo levantarse sin ayuda, Lissandro no perdió tiempo. El entrenamiento comenzó de forma progresiva, sin brutalidad innecesaria, enseñándole primero disciplina, control y resistencia antes que fuerza. Camilo escuchaba, observaba y aprendía e