Reconexion.
La noche cayó sobre la mansión con una calma distinta.
No había sirenas, ni radios encendidas, ni hombres vigilando con el dedo en el gatillo. Solo el murmullo lejano del viento entre los árboles y el sonido suave del fuego crepitando en la chimenea de la habitación principal.
Anna estaba sentada en la cama, con una camisola clara que apenas rozaba sus muslos, el cabello suelto cayéndole por la espalda. Había pasado el día con Lu y el pequeño Sebastián, Lissandro tenía que solucionar problemas