A la mañana siguiente, en la clínica, Agatha revisaba algunos informes cuando la puerta se abrió bruscamente.
Lucciano entró con el ceño fruncido y el celular en la mano.
—Aggy… pasó algo.
—¿Qué ocurre? —preguntó ella, dejando los papeles sobre el escritorio.
—¿Recuerdas tu video?
Agatha palideció al instante.
—¿Qué pasa con ese maldito video ahora?
—Se volvió un virus —dijo Lucciano, aún incrédulo—. Todos los que intentan abrirlo pierden sus celulares y sus notebooks. Explotan las tarjetas mad