Agatha estaba en el umbral de la puerta cuando notó los nudillos de Leandro sangrando.
—¿Qué MlERDA te pasó?
—Nada, solo me encontré con un bastardo. Pasa.
Agatha dejó la maleta y caminó a la cocina a buscar una compresa fría. Leandro la siguió con una sonrisa ladeada.
—Vaya, aún no te instalas y ya eres la señora de la casa. ¿Cómo sabías que aquí estaba la cocina?
—No hay que ser un genio, tus empleadas salían de acá con los platos cuando vine a cenar —refunfuñó mientras buscaba algunas cos