La habitación del hospital estaba en penumbra, bañada por una luz suave que entraba desde la ventana.
Cristian abrió lentamente los ojos, sintiendo un leve ardor en el abdomen y un dolor punzante en el hombro. Intentó moverse, pero algo cálido lo detuvo. Una mano sostenía la suya con fuerza.
Giró el rostro y la vio.
—Hijo… —susurró Crystal, con los ojos llenos de lágrimas.
Cristian parpadeó sorprendido.
—Mamá… ¿qué haces aquí? ¿No estabas en Italia con la tía Moira?
Ella sonrió entre lágrimas,