El hospital olía a desinfectante y estaba más silencioso que nunca.
Luz caminaba con paso rápido por el pasillo principal, sus tacones resonando contra el suelo de mármol, su corazón latiendo tan fuerte que podía oírlo en los oídos.
Las palabras de Leandro seguían repitiéndose en su cabeza como un eco imposible de silenciar:
“El idiota de Cristian salió herido… y ahora está en el hospital.”
Las luces blancas del pasillo le parecían más frías de lo habitual, las paredes más largas, el aire más d