La brisa salada aún se sentía en el aire cuando Anna despertó sintiendo el vacío de Lissandro a su lado. El sonido del mar era una caricia constante, pero él ya estaba de pie, mirando por la ventana con una sonrisa tranquila, habían pasado tres días maravillosos en la playa, Cristian y Arthur venían dos veces al día solo para ver que todo estuviera bien .
—¿Ya volveremos? —preguntó ella, con un leve puchero.
—Sí, amor, o… ¿quieres quedarte más? —dijo Lissandro, acercándose para besar su frente—