Después de un día entero en el orfanato, entre risas y juegos con los niños, Anna y Lissandro se subieron al auto. Anna llevaba una semana como dueña del orfanato y el lugar era un aire de dulzura que llegó a amar en poco tiempo.
— No sabía que pintabas amor.
— Hay muchas cosas que no sabes sobre mí aun pequeña, pero no te preocupes, planeo irlas mostrando poco a poco.
Anna sonrió y besó su mejilla, luego miró por la ventana y notó que no era el camino a su departamento.
—¿Dónde vamos? —preguntó