Lissandro, ya tarde, subía a ver a Anna, que dormía en su habitación.
Se quitó la ropa y se metió en la cama con ella.
Anna, al sentir su cuerpo cerca, automáticamente se abrazó, atraída por el calor y el aroma.
—Mmm… Lissandro — Murmuró dormida.
— Anna... —suspiró Lissandro, sonriendo—. Aquí estoy, pequeña —susurró, besando su frente y acariciando su espalda.
Anna se acurrucó más contra su pecho.
A la mañana siguiente, Anna despertaba abrazada a Lissandro.
Hoy sería un día especial, las chicas del orfanato tendrían una exposición para mostrar todo lo que habían aprendido durante el año. Unas tocarían una pieza de música en piano, otras tendrían una exposición de pinturas, algunas mostrarían los vestidos que habían aprendido a diseñar a partir de ropa vieja, y otras presentarían las galletas que habían aprendido a hacer. En fin cada una mostraría su talento.
Anna miró el reloj. Aún había tiempo.
Se sentó y Lissandro rodeó su cintura para besarla.
—Mmm… tan temprano despierta… —murmuró