Lissandro, ya tarde, subía a ver a Anna, que dormía en su habitación.
Se quitó la ropa y se metió en la cama con ella.
Anna, al sentir su cuerpo cerca, automáticamente se abrazó, atraída por el calor y el aroma.
—Mmm… Lissandro — Murmuró dormida.
— Anna... —suspiró Lissandro, sonriendo—. Aquí estoy, pequeña —susurró, besando su frente y acariciando su espalda.
Anna se acurrucó más contra su pecho.
A la mañana siguiente, Anna despertaba abrazada a Lissandro.
Hoy sería un día especial, las chicas