Su mente se nubla; el deseo es confuso, incontrolable, casi febril.
No sabe qué sucede exactamente.
Busca su teléfono con torpeza y logra marcar el número de Lancelot.
Lancelot lo toma después de cuatro timbres.
—Dionisio, estaba a punto de llamarte, me leíste la mente.
— Lancelot...
Se alarma, escucha como si Dionisio estuviera llorando, respirando agitado.
—Qué sucede...estoy de camino conduciendo. ¿Estás hablando de la ducha?
—Si...Lance… no me siento bien —murmuró con voz débil, casi temblo