Cuando Dionisio despertó
le dolía todo, como si hubiera corrido una maratón emocional.
Abró los ojos y lo primero que vio fue el techo enmaderado ya su lado Lancelot abrazándolo.
Luego sintió el peso de una manta sobre su pecho —y la pierna de Lancelot envolviéndola— él sonaba débilmente. La tela olía a sudor y aún estaba húmeda por las lagrimas.
— Gracias por consolarme— murmura.
Se incorporó despacio sin despertarlo y se fue al baño. Tenía la garganta seca, la cabeza pesada y el corazón hecho