La mañana comienza tibia y tranquila, con el olor del pan recién horneado colándose por las ventanas de la cocina de la hacienda Larousse.
Lancelot terminó de desayunar junto a Dionisio, entre sonrisitas, coqueteos discretos entre ellos y miradas que hablaban más que mil palabras.
¿Ya revisaste las sillas de montar y la línea de potros para la venta? —pregunta Dionisio, con una serenidad engañosa mientras removía su café.
—Desde anoche —responde Lancelot, ajustándose la camisa azul clara y acom