13

De madrugada, me despertó un ruido sordo. Un golpe seco contra el cristal. Me levanté descalza y abrí la cortina. En el alféizar, una figurita de ajedrez: un caballo de madera manchado de rojo. Lo tomé con dos dedos. Era pesado, viejo, con un olor leve a gasolina.

Lo envolví en una bolsa y llamé a seguridad. Tardaron minutos. Tomaron fotos, levantaron huellas. Eva apareció en pijama, con los ojos grandes.

—¿Qué es?

—Supongo que otra amenaza.

***

Al amanecer, Claudia nos escribió: el juez citó a
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