56. HILO DOBLE
JAIME
Desperté con el roce de sus manos sobre mi rostro. Fue tan suave, tan delicado, que por un instante dudé de estar despierto. Al abrir los ojos, lo primero que encontré fue la belleza de su mirada, una mezcla dolorosa de ternura y tristeza que me atravesó como un filo. Aquella expresión suya era tan humana, tan vulnerable, que sentí mi pecho pesado con la certeza de no poder aliviarla tanto como quisiera.
No sé qué tanto pasaba por su mente en ese instante, pero sí sabía algo con absoluta c