La oscuridad aún abrazaba al reino de los vampiros cuando un estruendo metálico rompió el silencio. No era un trueno, ni el sonido de rocas cayendo. Era la alarma.
Un eco profundo y vibrante se propagó por cada cámara subterránea, como el rugido de una bestia ancestral despertando.
Drak abrió los ojos de inmediato.
Su primer reflejo fue mirar hacia su izquierda.
Elzareth yacía a su lado, envuelta en las sábanas negras y rojas, su piel iluminada por la luz plateada que se filtraba por los vitral