La marcha hacia el Reino de los Vampiros comenzó al amanecer. Bajo la protección de la neblina matutina, la caravana se ponía en movimiento: los aldeanos, cargando lo poco que pudieron rescatar, el titán en su papel de guardián silencioso, los faes desplegados como sombras vigilantes entre los árboles. Y en el centro de todo, Elzareth y Drak, caminando lado a lado, sin hablar mucho, pero compartiendo una conexión que crecía con cada paso.
A pesar del cansancio que aún pesaba en sus cuerpos, el