La mañana no trajo sol, ni claridad. Solo una neblina espesa que cubría el cielo como una advertencia. Las torres del castillo de Drak se alzaban como colmillos entre la bruma, y una tensión latente recorría los corredores como un susurro que nadie podía silenciar.
Drak se había reunido con sus estrategas desde muy temprano, revisando una y otra vez los puntos vulnerables del reino. La criatura que había traspasado sus defensas la noche anterior no había dejado rastros materiales, pero su prese