Reanudaron la marcha sin dispersarse. El aire todavía guardaba el mal sabor de la pelea y las miradas iban por delante, no hacia atrás.
Kael tomó la vanguardia con dos de los suyos y no cruzó palabra con nadie.
Ethan caminó junto a Adelia, atento a cada cambio del terreno y a cada gesto en su rostro. La piedra de Auren marcaba un rumbo constante hacia el sureste, tibia en el cinto como una brújula viva.
En su marcha el suelo cambió de textura. La costra de sal se abrió en corredores entre cuchi