El amanecer fue limpio y el aire no cortaba la piel. Levantaron el campamento con el orden que ya era costumbre. Adelia aseguró el relicario rúnico con el fragmento del quinto sello, comprobó la tibieza regular de la piedra de Auren en su cinto y dio el visto bueno a Kal. Los alados despegaron a baja altura para vigilar sectores. Ethan se incorporó por su cuenta, caminó unos pasos para probar fuerzas y se colocó junto a Adelia con paso firme.
El terreno seguía áspero. Costras de sal, vetas de c