El cielo comenzaba a teñirse de tonos cobrizos cuando Drak se acercó a Elzareth, que se mantenía apartada del grupo, sentada sobre una piedra cubierta de musgo, contemplando el reflejo del sol en el río que bordeaba el sendero. Habían avanzado durante horas, pero el peso en su pecho era más denso que nunca. Las visiones seguían acosándola, los ecos de antiguas voces vibraban en su interior… y aunque su cuerpo sanaba, su alma parecía resquebrajarse.
Drak la observó en silencio durante un momento