En lo más profundo del Bosque de las Primaveras Eternas, donde el tiempo parecía fluir distinto y el aire sabía a néctar y antiguas canciones, se alzaba el bastión del Consejo de los Fae. Árboles colosales, de corteza de plata y hojas de cristal, resguardaban la Sala de Cristal Viviente, un lugar donde la magia antigua aún respiraba con voz propia.
Allí, entre destellos de luz natural y murmullos telepáticos, los miembros del Consejo se reunían.
La líder del Consejo, Maeryel, permanecía de pie