El aire olía a tormenta. Una mezcla densa de ozono, tierra húmeda y peligro inminente. Elzareth, ahora envuelta en una capa ceremonial que los faes le habían ofrecido, caminaba a la cabeza de la caravana junto a Drak. Los aldeanos seguían cansados, pero aliviados, custodiados por los faes y el titán que los protegía como un coloso silencioso. El Reino de los Vampiros estaba cada vez más cerca. Y también, el abismo del conflicto.
Pero lo que ni Elzareth ni Drak sabían era que el primer movimient