Drak avanzaba con paso firme entre la espesura, llevando aún a Elzareth en brazos, pero esta vez sin urgencia.
Se unieron finalmente al grupo de faes, al titán y a los aldeanos refugiados que esperaban en la bifurcación del río antiguo. Elzareth quiso caminar y se sostuvo como pudo, ocultando el temblor de sus manos al caminar junto al vampiro.
Drak fue claro. Explicó la situación, prometió amparo y respeto dentro de su reino. La decisión de acogerlos no era solo una promesa vacía, sino un acto