Adelia despertó desorientada. La luz era tenue, rojiza. Estaba atada de pies y manos a una cama de piedra cubierta por pieles rústicas. Las paredes eran oscuras, con símbolos extraños grabados en ellas que parecían moverse con su mirada.
El techo parecía estar tallado en roca viva, como si el lugar estuviera bajo tierra. Una corriente de aire caliente le indicó que una fuente de fuego ardía cerca. El olor era penetrante: sangre seca, moho, y algo más... algo que le erizaba la piel.
Su mente inte