La mañana siguiente a la batalla en el Bosque Espejado estaba envuelta en un silencio extraño. El escuadrón liderado por Adelia y Ethan partió temprano, dejando atrás las cenizas de los demonios y el rastro de energía que aún palpitaba en la tierra. El aire estaba cargado de una tensión silenciosa. Sabían que cada paso los acercaba al corazón de la oscuridad.
Durante horas avanzaron entre árboles retorcidos y caminos abandonados hasta que se toparon con una aldea humana completamente destruida.