El viento aullaba entre los árboles del bosque que rodeaba la mansión. Lucian permanecía inmóvil, con la mirada fija en la figura que se recortaba contra la luz plateada de la luna. Cassandra. Su cabello negro ondeaba como una bandera de guerra, y sus ojos, aquellos ojos que una vez lo habían hechizado, brillaban con una mezcla de resentimiento y deseo.
—Trescientos años, Lucian —dijo ella, acercándose con pasos felinos—. Trescientos años y sigues siendo el mismo hombre atormentado que dejé atr