Eva se detuvo frente al espejo del pasillo. Algo había cambiado. Ya no era solo su reflejo lo que veía, sino algo más, algo que palpitaba detrás del cristal como un corazón oscuro. Extendió la mano y el frío del vidrio se transformó en una caricia húmeda, casi viva.
—¿Me estoy volviendo loca? —susurró.
Las paredes de la mansión parecían respirar a su alrededor. El papel tapiz, antes estático, ahora ondulaba como si una brisa invisible lo agitara. Eva parpadeó varias veces, pero la distorsión pe