El cielo sobre el pueblo se había teñido de un rojo enfermizo, como si las nubes sangraran. Los habitantes miraban hacia la colina donde se alzaba la mansión de Lucian, sintiendo un escalofrío colectivo recorrer sus espinas dorsales. Algo estaba cambiando en el aire, una presencia antigua y maligna que se expandía como niebla venenosa.
En las calles, los pocos vampiros y brujos que habían sobrevivido a los enfrentamientos anteriores se reunían en pequeños grupos, intercambiando miradas de preoc