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El primer espejo se rompió con un crujido seco, como un hueso al quebrarse. Eva y Lucian se miraron, paralizados por un instante, mientras los fragmentos caían al suelo de mármol. No fue el ruido lo que los alarmó, sino lo que emergió después: una sustancia negra y viscosa que se deslizaba entre los trozos de cristal, pulsando como si tuviera vida propia.

—No te muevas —susurró Lucian, extendiendo un brazo protector frente a Eva.

La sustancia se expandió, formando primero una silueta difusa y l
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