El dolor comenzó como un cosquilleo, una sensación apenas perceptible bajo la piel. Eva se miró el antebrazo izquierdo donde, desde hacía tres días, una marca con forma de media luna había aparecido. Al principio creyó que era un moretón, luego pensó en una reacción alérgica. Ahora sabía que era algo más.
La puerta de la biblioteca se abrió y el cosquilleo se transformó en ardor. Eva contuvo la respiración mientras bajaba la manga de su suéter para cubrir la marca. No necesitaba mirar para sabe