La luz de la luna se filtraba por los vitrales del antiguo templo, proyectando sombras azuladas sobre el suelo de mármol agrietado. Eva podía sentir el pulso de la tierra bajo sus pies descalzos, como si el mundo entero contuviera la respiración. Frente a ella, Lucian permanecía inmóvil, su silueta recortada contra la penumbra, sus ojos brillando con un fuego sobrenatural.
Habían llegado hasta aquí después de tanto. Después de la sangre, después de las mentiras, después de los secretos desenter