El espejo le devolvía una imagen que Eva ya no reconocía del todo. Sus ojos, antes de un castaño cálido, ahora brillaban con destellos ámbar que aparecían y desaparecían según su estado de ánimo. Sus dedos recorrieron el contorno de su rostro, buscando algo familiar, algo que le recordara quién había sido antes de conocer a Lucian.
Tres besos. Tres transformaciones. Tres pasos hacia un abismo del que quizás no habría retorno.
La habitación de la cabaña donde se habían refugiado olía a madera húm