El silencio de la habitación se volvió espeso, casi tangible. Eva se llevó las manos a las sienes, presionando como si quisiera contener algo que amenazaba con escapar desde dentro de su cabeza.
Déjame salir.
La voz no era suya. Resonaba con un timbre antiguo, como si viniera de un pozo profundo y oscuro. Eva cerró los ojos con fuerza, intentando distinguir dónde terminaban sus pensamientos y dónde comenzaban los de... ella.
—¿Eva? —Lucian se acercó, su rostro una máscara de preocupación.
—La e