El miedo tiene un sabor metálico. Lo descubrí mientras avanzábamos por el corredor subterráneo, con la adrenalina bombeando en mis venas y el corazón latiendo tan fuerte que temía que los guardias pudieran escucharlo. Marcus se movía delante de mí como una sombra, su cuerpo tenso, alerta, cada músculo preparado para el ataque o la defensa.
Nunca había estado tan consciente de alguien como lo estaba de él en ese momento.
—Mantente pegada a mí —susurró, su voz apenas audible—. Estamos entrando en